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"El arte de ser líder."

Crecí en la iglesia. Mis papás me llevaban desde que era un niño, así que he estado rodeado de muchas personas increíbles: líderes, amigos, pastores y todo tipo de gente que ha marcado mi vida.


Y, si hay una etapa que recuerdo con una sonrisa enorme, es cuando fui parte de un grupo de jóvenes. Me divertí como nunca, hice amistades que hasta el día de hoy son familia, viajé, toqué en la alabanza, fui mesero en todas las cenas de matrimonios de la iglesia… y sí, seguramente también me metí en algunos problemitas.


Cuando pienso en esos años tan especiales, inevitablemente vienen a mi mente mis líderes de jóvenes. Cada uno, en diferentes etapas de mi vida, dejó huellas profundas en mí. Y ahora que miro hacia atrás, entiendo que mucho de lo que soy como pastor nació gracias a lo que ellos sembraron en mi corazón.


Hoy quiero compartir contigo tres principios que aprendí de esos líderes y que, con el tiempo, se convirtieron en semillas que dieron fruto en mi vida. Tal vez también puedan sembrar algo poderoso en la tuya.


1. Ensúciate las manos

Uno de mis primeros líderes de jóvenes me enseñó esto sin siquiera decirlo con palabras: siempre era el primero en trabajar. Nos tocaban los trabajos más pesados y él siempre estaba ahí, con una sonrisa, poniendo el ejemplo.


Y entendí algo: el líder marca el ritmo. El líder es quien pone el corazón en lo que se hace, quien inspira a los demás a dar lo mejor. Hasta el día de hoy le agradezco, porque aprender esto me ha ayudado a ser un mejor líder y pastor para las nuevas generaciones que Dios ha puesto a mi cuidado.


2. La oportunidad es la clave

Los jóvenes siempre están buscando ser parte de algo. El problema es que a veces esperamos que estén completamente listos para servir… cuando, en realidad, apenas están comenzando a descubrir quiénes son.


Mis líderes me dieron algo invaluable: una oportunidad. Una oportunidad para fallar, sí, pero también para aprender, crecer y convertirme en lo que Dios había planeado para mí. Si no damos oportunidades, jamás conoceremos el potencial que hay detrás de ese joven tímido o de esa chica callada.


Estoy agradecido porque alguien creyó en mí antes de que yo creyera en mí mismo.


3. Ten una visión clara

Otra cosa que marcó mi vida fue ver a mis líderes caminar con visión. Ellos sabían hacia dónde querían llevarnos. La visión del grupo de jóvenes siempre estaba conectada con la visión de la iglesia, pero, al mismo tiempo, la explicaban de una forma que tenía sentido para nosotros.


Cuando hay una visión clara, todos podemos remar hacia el mismo lugar. Cuando no la hay, cada quien va en su propia dirección, y eso solo genera confusión, frustración y desánimo.


Estos tres principios —ensuciarse las manos, dar oportunidades y tener visión— marcaron profundamente mi vida. Fueron semillas que se plantaron en mi corazón y que hoy siguen dando fruto.


Y tú, líder, pregúntate:¿Estoy sembrando en otros lo que algún día alguien sembró en mí?

 
 
 

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